La diferencia entre una conversación y una discusión
Nota: He estado ausente de redes y de XpressoDoble porque necesitaba concentrarme en terminar mi segundo libro. Hoy puedo compartirte que está en fase beta, en manos de lectores de prueba, antes de pasar a revisión final y publicación. Ya casi sale de mis manos para aterrizar en las tuyas. ¡Sí, estoy muy emocionado!

Una vez, al aire en XpressoDoble, hablaba sobre la mala comunicación en pareja cuando dije: varias temporadas de algunas series centradas en las relaciones terminarían en el primer capítulo si sus protagonistas fueran más asertivos al hablar.
Sus tramas se sostienen por malentendidos, sobrerreacciones, heridas no trabajadas y miedos por todos lados.
Fuera de la televisión, la historia no es muy distinta. No saber comunicarse, establecer límites y llegar a acuerdos son de los problemas que más observo entre las parejas que atiendo en consulta.
Existen distintos caminos para resolverlo. Mi favorito, por ser el más breve y efectivo, es combinar la terapia individual con la de pareja: primero se trabaja en uno mismo y después en la relación.
Es increíble cómo aprender a distinguir entre lo que pasó y la interpretación que se le da puede hacer un cambio enorme.
Por ejemplo: él tuvo un día pesado en el trabajo. Durante la tarde estuvieron escribiéndose con normalidad. Al llegar a casa, ella le llama por teléfono. Él no responde, pero le marca unos minutos después.
Ella se molesta. No solo interpreta que no le contestó: interpreta que no le importa, que su día le da igual, que no es una prioridad en su vida y que, si necesitaba hablar, tendría que arreglárselas sola.
Cuando él le devuelve la llamada, ella ya está molesta y su tono no es el acostumbrado. Él siente rechazo, frialdad y falta de cariño. En vez de preguntarle qué pasó o notar que se escucha cansada, interpreta que está enojada, que hizo algo mal y que por eso está “fría, distante y cortante”.
Todos cargamos con cansancio, pendientes y preocupaciones, pero ninguna de esas posibilidades pasa por la mente de ninguno.
La mayoría de las discusiones de pareja no nacen de lo que pasó, sino de lo que cada uno creyó que pasó.
Todo comenzó con una llamada no contestada y terminó convertido en una discusión sobre interés, amor, prioridades y abandono. No supieron separar los hechos de sus interpretaciones. Ambos reaccionaron a la historia que se contaron a sí mismos.
A veces, una pelea se evita con algo tan simple como preguntar: “¿Qué pasó? Te escucho raro”. Sin agregar suposiciones. Sin completar los huecos con miedo. Dejando que la otra persona hable.
No es lo mismo preguntar por lo que realmente observas que decir: “¿Qué pasó?, seguro no tienes ganas de hablar conmigo” o “Seguro estabas hablando con alguien más”.
En consulta trabajamos mucho en aprender a separar los hechos, lo que pasó, de la percepción: la interpretación que cada uno le da a lo ocurrido.
Muchas parejas se sorprenden al descubrir que su relación mejora cuando aprenden a detenerse antes de reaccionar, revisar la historia que se están contando y conversar desde lo que realmente ocurrió, no desde lo que el miedo les hizo suponer.
Pero cuidado, sería muy fácil pensar que es suficiente con entender este artículo y ponerlo en práctica para que todo cambie. No funciona así.
El trabajo terapéutico va mucho más allá: ayuda a descubrir de qué heridas y experiencias pasadas nacen las historias que nos contamos, por qué las creemos con tanta facilidad, cómo regular las emociones que despiertan y, poco a poco, desarrollar mejores habilidades de comunicación.
Muchas personas, al ver cómo mejoran en lo personal y también en su relación, terminan despertando en su pareja la curiosidad por iniciar un proceso terapéutico.
Porque cuando una relación cambia aunque solo uno de los dos esté trabajando en sí mismo, es inevitable pensar: si hemos avanzado tanto con solo uno en terapia, ¿cuánto más podríamos lograr si los dos nos involucramos?
En terapia no hay magia ni atajos. Pero cuando las cosas comienzan a acomodarse y la relación deja de sentirse como una batalla diaria, a veces parece que apareció una receta milagrosa. No la hay. Lo que hay es un proceso que tomó tiempo, esfuerzo, práctica, errores y nuevos intentos.

Despedida
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Escribo estos artículos para acompañar tu búsqueda de crecimiento.
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Con cariño,
Germán Renko
Psicólogo y terapeuta de pareja
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