Hay una parte de la paternidad que no es bonita ni sale en las fotos

Hace varios años que no veo a uno de mis hijos y no hay un solo día en que no piense en él.

Cuando la madre de mis hijos se fue de casa, me dejó a los tres. Seis meses después se llevó al mayor. Ese día le dijo que yo no era su padre biológico. También le dijo que yo nunca había querido casarme con ella ni darle a él mi apellido y que, por lo tanto, no tenía por qué volver a verme.

Nada de eso era cierto. Excepto que yo no era su padre biológico.

Llegué a su vida cuando tenía un año. Desde entonces fui quien pagó sus gastos, sus escuelas privadas y sus regalos de Navidad; quien estuvo en sus enfermedades, en sus tareas y en sus cumpleaños; quien le enseñó a amar el fútbol y a partir los hotcakes.

Con la terapia y la práctica profesional entendí que el problema no era solo lo que ella les había dicho a él y a sus hermanos. Era lo que esa versión hacía con todo lo que yo había sido para ellos.

No hacía falta hablar mal de mí. Bastaba con cambiar el significado de todo lo que había hecho.

Si ella se fue de casa sin ellos, lo contaba como un sacrificio por sus hijos, aunque en realidad había sido una decisión tomada por ella y para ella.

Si el convenio establecía que solo yo podía recogerlos en la escuela y entregárselos para la convivencia, ella les decía que yo no la dejaba recogerlos directamente.

Si el acuerdo permitía convivir dos veces por semana y un fin de semana cada quince días, pero ella solo los veía cada quince días, les decía que era porque yo no la dejaba verlos más.

Si durante la pandemia no permitía que interrumpiera sus clases en línea, les decía que yo no la dejaba hablar con ellos.

Si le exigía hacerse responsable de lo acordado, yo era un exagerado.

Si acudía a la autoridad para protegerlos, era porque quería hacerle daño.

Si ponía límites, era porque quería controlarlos.

Así, una decisión a la vez, el cuidado dejó de ser protección. La responsabilidad dejó de ser compromiso. Y terminé convertido en el villano de una historia que nunca ocurrió.

Reescribir el significado de los actos de cuidado hace muchísimo daño, porque un hijo aprende a desconfiar justamente de quien intenta protegerlo. Interpreta el cariño como control, los límites como castigos y la exigencia de responsabilidad como una forma de abuso.

Un día les dije a mis hijos que extrañaba a su hermano y me respondieron: “No es tu hijo, olvídalo”.

Y entonces me di cuenta de que quizá eso mismo le habían enseñado a hacer conmigo.

Hay una parte de la paternidad que no es bonita ni sale en las fotos: cuidar a tus hijos aun cuando cada decisión que tomas puede ser utilizada para alejarlos de ti.

No escribo esto para convencer a nadie de que fui un buen padre. Sé que cometí muchos errores, fruto del dolor que me atravesaba y de las emociones que entonces todavía no sabía gestionar. Lo escribo porque sé que no soy el único al que le ha pasado: a una madre soltera, a un padre soltero, a cualquiera que haya tenido que hacerse cargo de sus hijos mientras otros contaban una historia diferente.

Y también lo escribo porque, en días de Mundial, extraño aún más a mi hijo.

Aunque medio mundo me diga: “Algún día se dará cuenta y regresará a ti”, incluso si eso llegara a ocurrir, nadie nos devolverá todos los años, los cumpleaños, las Navidades y los momentos que nos robaron.

Esas ausencias dejan un hueco imposible de llenar.


Perdido y encontrado

Quizás te has dado cuenta de que he estado más ausente de mis redes sociales y de XpressoDoble. Algunas personas se han acercado amablemente a preguntarme si estoy bien. Gracias por hacerlo.

La razón es sencilla: estaba inmerso en un proceso creativo al que necesitaba darle todo el tiempo, la energía y el enfoque posibles. Estaba terminando mi segundo libro.

Hoy, felizmente, puedo compartirte que ya está en fase beta; es decir, en manos de un grupo de lectores de prueba antes de pasar a la revisión final y, después, a publicación.

Ya casi sale de mis manos para aterrizar en las tuyas.


Despedida

Gracias por leer hasta aquí 🙏

Escribo estos artículos para acompañar tu búsqueda de crecimiento.

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Si algo de lo que leíste te movió, te incomodó o te hizo pensar distinto, me gustaría leerte. Déjame un comentario.

Por último, me encuentras en X y también puedes escucharme en XpressoDoble, junto a Eva, donde mientras el mundo corre, ahí elegimos detenernos para pensar lo que sentimos.

Con cariño,
Germán Renko
Psicólogo y terapeuta de pareja

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4 respuestas a «Ausencias imposibles de llenar»

  1. Hola Germán me gusto tu artículo en estos momentos estoy pasando por una situación difícil ya que estoy terminando más bien mi pareja está terminando conmigo después de 9 años juntos , yo fui infiel y aunque me arrepiento mi pareja nunca creyó en mi cambio después cada que le preguntaba algo el me decía solamente estamos bien y se fue desgastando la relación , terminó por insultarme y humillarme cada que podía a ausentarse con el pretexto de ver a sus hijos y no avisarme nada se fue de vacaciones solo y me enteré porque vi fotos suyas y hasta que me dijo que yo le resultaba insoportable ya en su vida ahora me siento perdida totalmente.

    1. Qué difícil situación por la que estás pasando, pero no tienes que hacerlo sola. Puedes buscar acompañamiento profesional para sanar, procesar la ruptura y recuperar la paz mental.

      Cuídate.

  2. Hola mi admirado Germán. Pues si moviste algo de mi con esta historia. Yo dejé de frecuentar a mi papá, unas porque le hacia caso a mi madre, pero en la mayoria el era muy frio y no me buscaba… Últimamente intente acercarme para cuidarlo porque estaba enfermo y solo habian respuestas evasivas para que yo no me presentara en su casa… Incluso, me mude de pais y quise despedirme y me dejo esperando… Lo peor es que esa historia quedo asi… Murió un mes después de que me fui… Mis preguntas ya no tendran respuestas. Y eso me deja un vacio que no llenaré nunca…

    1. Lamento mucho por lo que pasaste. Aunque esa persona ya no esté presente, es posible hacer un cierre e incluso encontrar respuestas en un proceso terapéutico.

      Abrazo.

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